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Béla Bartók compositor Húngaro 

Béla Bartók

Béla Bartók

Béla Bartók nace en Hungría (concretamente en Nagyszentmiklós, actualmente Rumanía) en 1881. Su infancia difícil, marcada por la enfermedad y los problemas familiares generados por la temprana muerte de su padre, marcaron su carácter introvertido.

Al mismo tiempo que sus estudios generales, realizó sus estudios de piano y armonía, mientras ampliaba su formación artística con asistencia asidua a conciertos y óperas. Con 17 años, Béla Bartók ingresó en la Academia de Música de Budapest para estudiar piano con István Thoman y composición con János Koessler. Sus influencias, como podemos suponer, son de corte absolutamente clásico. Al escuchar Así habló Zaratustra, descubre una nueva vía para la composición, actividad que había abandonado en favor del piano. Es al combinar la influencia de esta obra con el entusiasmo revolucionario húngaro cuando nace su primera gran obra para orquesta Kossuth, en honor al héroe de la revolución húngara de 1848, Lajos Kossuth.

El estudio de Liszt y de Richard Strauss, junto con el descubrimiento de Debussy gracias a su amigo Zoltán Kodaly, así como el estudio de la música popular húngara, establecieron la base de su trabajo posterior: la composición y la investigación de la música étnica.

Tras su entrada como profesor de piano en la Academia de Música de Budapest en 1907, empieza un periodo de gran fecundidad. Por una parte encuentra un lenguaje personal a la hora de expresarse musicalmente, aunque por otra parte su música es acogida con cierta frialdad, lo que le decepciona y lo aparta durante largo tiempo del ambiente musical. Es en esta época cuando Béla Bartók viaja por Europa Central, los Balcanes y Turquía, estudiando y clasificando la música folclórica de estas regiones, aunque con el estallido de la Primera Guerra Mundial pondría fin a estas expediciones. Aún así, durante ese periodo nunca abandonó su trabajo como compositor, culminándolo con la Suite de danzas para orquesta consiguiendo, aquí sí, un gran éxito internacional.

En 1936, Béla Bartók compone una de sus obras más emblemáticas, Música para cuerda, percusión y celesta, para la orquesta de cámara de Basilea, dirigida por Paul Sacher. Pero en 1940, con casi 60 años, debido a su oposición a la ocupación nazi en Hungría, y tras la muerte de su madre, decide mudarse a los Estados Unidos junto a Ditta, su segunda esposa, donde es investido “Doctor Honoris Causa” por la Universidad de Columbia, lo que le permite seguir transcribiendo y clasificando música folclórica gracias a una beca de investigación. Aún así, no tiene el éxito esperado ni como pianista ni como compositor, con lo que su situación económica es cada vez más precaria, agravado todo ésto por la aprición de los primeros síntomas de la leucemia que acabaría con él unos años después. En sus últimos años, una serie de encargos y de éxitos le hicieron recobrar la confianza en la composición y aliviaron su situación financiera. Tras la liberación de Hungría, le fue ofrecido un puesto de diputado que Béla Bartók aceptó, aunque ya jamás regresaría a su país, pues en septiembre de 1945 falleció en Nueva York a causa de la leucemia. En 1988 sus restos fueron trasladado a Budapest a petición de sus hijos, dónde recibió un funeral de Estado.

Béla Bartók ha quedado como una de las figuras dominantes de la música del siglo XX, por la profunda originalidad que poseen sus composiciones en muchos aspectos: esencial equilibrio de la forma (la aplicación de los principios del número áureo, que juega un papel determinante en sus obras de madurez) o la originalidad de sus armonías. Su música es de una excepcional cualidad de inspiración y realización.

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