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¿QUÉ ES LA MÚSICA?

 

Todas las historias tienen un principio y la nuestra comienza aquí, en el límite entre el lenguaje y la música. Ya lo decía E.T.A. Hoffmann “la música empieza donde termina el lenguaje”, nos permite expresar lo inexpresable, adentrarnos en un mundo interior colmado de sentimientos, circunstancias, ideas… ¿se os ocurre una mejor forma de iniciar esta aventura?

Damos la bienvenida a “La Revista”, la nueva sección del proyecto de Melómanos. Se trata de un punto de encuentro tanto para aficionados a la música como para profesionales, en definitiva un espacio para amantes del arte de los sonidos y todo aquello que lo circunda. Nuestra intención se centra en abordar aspectos relacionados con dicha materia, saciando la curiosidad de los lectores a través de respuestas que manifiesten la singularidad y peculiaridad de esta fascinante disciplina. Pero como en todas las historias, necesitamos un punto de partida que nos permita crecer, una reflexión que motive nuestro interés… ¿qué es la música?

 

 

La historia de la música nos ha ofrecido un amplio abanico de significados vinculados a este concepto, los cuales han estado influidos por las creencias establecidas en los diferentes periodos. Si bien es cierto, cada época presenta sus particularidades, sin embargo se advierte una característica común a todas ellas: la eterna existencia de la música, cuya presencia es inherente al ser humano.

 

Aunque el origen de la música es desconocido, las primeras evidencias musicales se sitúan en la prehistoria. Los restos arqueológicos muestran su intervención en rituales, ceremonias de culto y posiblemente en la veneración a seres etéreos, ideas que constituyen los pilares básicos de todas las culturas antiguas. La música era un elemento importante de la sociedad y estaba asociada al mundo divino. Egipto, Grecia, Roma, China o India podrían ser algunos ejemplos de esta realidad.

 

Si nos centramos en la música occidental, más cercana a nuestra tradición, debemos otorgar importancia a la cultura griega, de la cual hemos heredado numerosos vestigios. En Grecia, como en el resto de civilizaciones, conviven diferentes visiones sobre la música. Por una parte Platón le concede el origen de sophia, referido a las sabidurías supremas. Asimismo afirman su capacidad de influir en el alma humana, matización que explicarán a través de la teoría del ethos propuesta por Damón, quien transmitió una serie de relaciones entre la música y los estados de ánimo. A pesar de estos ideales, observamos algunas respuestas opuestas como la de Aristóteles. Su conocimiento sobre el origen de la música discrepa del de Platón. La música, lejos de ser un don divino, es presentada como una habilidad propiamente humana. He aquí un cambio importante en la historia: el paso del mito al logos.

 

Los teóricos han fundamentado estas conclusiones en documentos pertenecientes al periodo griego. Un ejemplo es el papiro de Hibeh, una porción de pergamino en la que se rebate la teoría del ethos y se muestra una nueva interpretación del arte de los sonidos. ¿Es la música un elemento puramente científico o podemos considerarla como el hilo conductor entre los sentimientos y el mundo material?

 

Durante gran parte de la historia, la música ha estado sujeta a la dicotomía establecida por el mundo inteligible y el sensible. Esta división se acentúa en la Edad Media, cuando los Padres de la Iglesia dogmatizaron las teorías grecorromanas adaptándolas al cristianismo. La música es una forma de elevarse hasta Dios y la contemplarán como el vehículo de la palabra litúrgica, rechazando toda acción afín a los sentimientos. Esta situación provocó el desprecio a la música práctica, por ser considerada portadora de la pasión, el éxtasis y el sentir terrenal.

 

El arte de los sonidos ha sido objeto de la especulación intelectual, mientras que su faceta sensible no se ha valorado con la misma intensidad hasta el final de la época medieval. Es en este momento cuando la música empírica adquiere sus derechos y es usada en un sentido pedagógico, concretamente para la instrucción de los cantantes de la iglesia. Este cambio, conocido como la teoría de los afectos, fue ganando terreno en el Renacimiento y finalmente se instauró en el Barroco gracias a la actividad llevada a cabo por la camerata Florentina, que adaptó la teoría griega al objeto de arte real. Dicha visión también fue reforzada por la Querelle des bouffons y su interesante debate acerca del objetivo de la música  como elemento para “mover los afectos”.

 

El evidente triunfo de la retórica condujo a la música a una época estilísticamente diferente. Hablamos del Clasicismo, o más concretamente lo que conocemos como “clasicismo vienés”. Mozart, Haydn o Beethoven estuvieron influidos por las ideas de la ilustración, las cuales afectaron al pensamiento musical de la época. Se observa un espíritu analítico, una tendencia a la medida, a la claridad sonora y a la regularidad, características que concluyeron en la sistematización musical.

 

La atmósfera respirada hasta el momento fue interrumpida por una corriente entusiasta e impetuosa, conocida como el Romanticismo. El orden y equilibrio clásicos fueron substituidos por categorías como la imaginación, lo original y lo excepcional. La música deja de imitar y expresa sentimientos indefinidos, razón por la cual algunos filósofos como Schopenhauer la colocan en la cima de las artes, convirtiéndose así en una categoría suprema. Nace, por tanto, la “música absoluta”, de naturaleza independiente y desligada de todos los yugos que la oprimían. Por primera vez en la historia la música camina de forma autónoma, siguiendo su propia senda, marcando sus pautas y manifestando su personalidad eterna.

 

La llegada del siglo XX suscitó la aparición de diferentes corrientes de expresión. Esta diversificación de pensamientos ofrece un panorama de gran riqueza cultural, donde encontramos las teorías de Schonberg, el formalismo de Stravinsky y Hanslick, la dialéctica de Adorno o la fenomenología, entre otras. Todas ellas aportan nuevos elementos, referidos a la armonía, la forma, la emisión y recepción del sonido… en definitiva una nueva perspectiva artística creada a partir de la construcción y deconstrucción de la realidad, del atrevimiento y la valentía de crear músicas desconocidas y de la ruptura con concepciones anteriores.

 

El mundo es un lugar de constantes cambios, por ello en las últimas décadas del siglo el pensamiento humano se ha visto afectado por corrientes como el postmodernismo, el feminismo o los efectos de la teoría de la recepción. Las nuevas ideas han producido creaciones como el jazz, blues, rock, la fusión entre géneros, o la experimentación con elementos extramusicales.

El recorrido de todas las épocas musicales y sus respectivos pensamientos nos muestra la diferentes visiones y significados que ha sufrido la música a lo largo de la historia, pero ¿nos atreveríamos a determinar quién tenía la razón?  La música no tiene una definición única y verdadera, va cambiando con el tiempo y con las personas y atiende a las necesidades exigidas por la cultura donde se desarrolla. Cada individuo la concibe de forma diferente, por ello estamos seguros de que si cada uno de nosotros describiera la música, obtendríamos una lista con matices e ideas diversas, surgidas de nuestra experiencia y de nuestro sentir.

No podemos aportar una respuesta certera porque no sabemos qué significa la música, pero somos conscientes de que representa un sentimiento común, una esencia universal, y es por ello que os invitamos a reflexionar ¿qué es para vosotros la música?

 

 

 

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Lluis Roca & Laura Gómez

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